18/9/10

El puente


El camino ha sido largo y muy, muy duro. Él sospechaba que aún quedaba mucho trecho por recorrer, que las penurias no habían hecho más que comenzar.




No sabía ni cómo ni por qué había iniciado su marcha. Lo único que sabía es que llevaba toda la vida caminando, que aún no había llegado a su meta, que sólo conocería su destino cuando llegase a él, y que era posible que el final del camino no existiera, o que estuviera demasiado lejos para poder llegar.



Siempre hacia adelante, sin mirar atrás, el camino era tortuoso pero claro. No dudaba del camino, sólo dudaba si llevaba a algún sitio. Pero tenía que seguir caminando. Siempre hacia adelante.



No siempre caminó solo. A menudo tuvo compañeros de viaje que le hicieron grata compañía hasta que sus caminos se separaban. Muchos fueron sólo compañeros, y algunos llegó a llamarlos amigos. Esos pocos hicieron el camino más llevadero, pero despedirse de ellos le hacía odiar su vida y el camino que le obligaba a seguir. Pero aun así no podía abandonar su camino, igual que los demás no podían dejar el suyo.



Cuando llegaba la noche, acampaba y comía. Si estaba solo, meditaba. Si esa noche tenía compañero, se intercambiaban historias. A él le gustaba contar una historia fantástica, sobre un ángel en la tierra, que ayudaba a sus semejantes hasta que un día dejó sus alas en manos de otra persona...



lo contaba como una leyenda, como una historia fantástica, sin hacer ver a sus compañeros de viaje que era él, que lo que él llamaba sus alas eran sus sueños, su vida, su futuro. Y es que ya no creía en el final del camino.



Un día se detuvo. Ante sí había un puente. Era un puente hecho con troncos y cuerdas. No tenía pinta de ser muy seguro, era muy viejo, le faltaban algunos troncos, seguramente otros estarían podridos, y no tenía ni idea de si la cuerda aguantaría.



¿Debía cruzar o no? Por primera vez en su vida dudaba. Siempre había ido hacia adelante, a veces el camino era difícil pero siempre había dado la sensación de ser superable... este parecía insuperable. Estaba convencido de que si intentaba cruzar, caería, acabaría su vida, moriría.



Pero su vida había sido su camino, siempre hacia adelante. Si abandonaba el camino ¿no abandonaría su vida? Sabía que podía ir hacia atrás, buscar una bifurcación y coger otro camino... pero sería un camino, no su camino.



"No cruces. No seas tonto. Hay caminos más fáciles" decía una parte de su cerebro.

"Cruza. Esta es tu vida. Tienes que arriesgarte. No merece la pena vivir si no vives tu vida" decía otra parte de su cerebro.



Dudaba. ¿qué hacer?

Decidió cruzar. Quería ver el paisaje al otro lado del puente, el de este lado ya lo había visto. Quería conocer nuevas gentes, nuevos lugares, nuevos aromas...

Lentamente comenzó a avanzar. Su paso era lento, tanteando donde pisaba para evitar los troncos que cedieran a sus pies. Poco a poco fue avanzando... ya llevaba medio camino recorrido, ya no había vuelta atrás.



Y la cuerda se rompió. Empezó a caer. La altura era considerable, la caída parecía interminable. Mentalmente empezó a despedirse del mundo.



Pero una parte de su cerebro se rebelaba.

"Vuela" decía. Pero no podía, ya no tenía sus alas, era el final. "Vuela" repetía. "No puedo. Está todo perdido". "Sí que puedes".



Y descubrió que sí podía. No llevaba sus alas, esas las había cedido... pero le habían crecido unas alas nuevas, blancas, de algodón, muy ligeras pero resistentes.

Y levantó el vuelo. Y desde las alturas vio el camino más allá del puente, un camino que merecía la pena ser recorrido. Porque el camino era su vida, y quería conocer nuevos lugares, nuevas gentes y nuevos aromas.

5 comentarios:

Susana Terrados Sánchez dijo...

¡Qué bonito Lucía! No sabes qué parecida es en este momento mi vida con la de tu viajero, como él creo que cruzaré el puente viejo y si se rompe...volaré.
Gracias.
Que pases un buen domingo.
Besotes.

Juan dijo...

No es fácil superar un desengaño.

¡¡¡Quién no ha tenido alguno!!!

Ni siquiera el hecho de caminar sólo, te salva de ello.

Yo también hubiese intentado cruzar el puente.

Un abrazo.

Irma dijo...

Bonito rincón, besines.

Irma.-

Nela dijo...

Creo que todos hemos tenido que cruzar ese puente, alguna vez en la vida.
Magnifico post Lucía.
Decirte que hoy eres la patrocinadora de mi post, puedes verlo en
http://laporteriadenela.blogspot.com/2010/09/romeo-beckham-tras-los-pasos-de-mama.html
Besos
Nela

ana dijo...

Bueno pues llego a tu blog de parte de Nela, y creo que hice bien entrar.

besitos.